Un poco de historia sobre el 1° de mayo, Día del Trabajador: Recordar es vivir

Por: Laura Maldonado Acosta
Compiladora

     El motivo original de esta conmemoración ocurrió en Chicago, Estados Unidos, en el año 1886. Miles de trabajadores, dirigidos por la “Noble Orden de los Caballeros del Trabajo”, obreros anarquistas, acordaron iniciar el 1° de mayo, una huelga general reclamando, principalmente, que la jornada laboral diaria disminuyera, una de sus consignas era: “8 horas para el trabajo, 8 para el sueño y 8 para la casa”.

La huelga por la jornada de 8 horas estalló de costa a costa de los Estados Unidos. Más de cinco mil fábricas fueron paralizadas y 340 mil obreros salieron a calles y plazas a manifestar su exigencia. En Chicago los sucesos tomaron rápidamente un sesgo violento, que culminó en la masacre de la plaza Haymarket el 4 de mayo y en el posterior juicio amañado contra los dirigentes anarquistas y socialistas de esa ciudad, cuatro de los cuales fueron ahorcados un año y medio después.

Cuando los mártires de Chicago subían al cadalso, concluía la fase más dramática de la presión de las masas asalariadas, en Europa y América, por limitar la jornada de trabajo. Fue una lucha que duró décadas y cuya historia ha sido olvidada, ocultada o limpiada de todo contenido social, hasta el punto de transformar en algunos países el 1.° de mayo en mero “festivo” o en un día franco más. Pero sólo teniendo presente lo que ocurrió, adquiere total significación la fecha designada desde entonces como “Día Internacional de los Trabajadores”.

A mediados del siglo XIX, tanto en Europa como en Norteamérica, en las emergentes factorías industriales, se exigía a los obreros trabajar doce y hasta catorce horas diarias, durante seis días a la semana, incluso a niños y mujeres, en faenas pesadas y en un ambiente insalubre o tóxico. Los emigrantes europeos, que llegaban entonces a los Estados Unidos en busca de un mundo mejor, cambiaron (a lo más) los resabios feudales que todavía pesaban sobre sus hombros por la voracidad desbocada de un capitalismo joven, que multiplicaba sus ganancias ampliando al máximo la jornada de trabajo. Extraños en un país desconocido, los inmigrantes crearon las primeras organizaciones de obreros agrupándose por nacionalidades, buscando primero el apoyo y la solidaridad de los que hablaban la misma lengua, constituyendo luego gremios por oficios afines (carpinteros, peleteros, costureras), y orientando su acción por las vías del mutualismo.

América era también el campo de experimentación para algunos socialistas utópicos, que crearon en los Estados Unidos colonias comunitarias, como las de Robert Dale Owen (1825), Charles Fourier y Etienne Cabet, constituidas por trabajadores emigrados. Los obreros propiamente norteamericanos se limitaban a buscar consuelo para sus sufrimientos terrenales en las diferentes sectas religiosas existentes en el país. Fueron inmigrantes ingleses pobres los que primero diseminaron inquietudes sociales entre sus hermanos de clase, y los mismos continuaron en territorio americano la lucha ya extendida en Inglaterra por la reducción de la jornada de trabajo.

El desarrollo de la industria manufacturera, el perfeccionamiento de máquinas y herramientas, la concentración de grandes masas obreras en los Estados del Noreste, proporcionaron el terreno donde germinó la propaganda de los emigrados. La primera huelga brotó, 60 años antes de los sucesos de Chicago, entre los carpinteros de Filadelfia, en 1827, y pronto la agitación se extendió a otros núcleos de trabajadores. Los obreros gráficos, los vidrieros y los albañiles empezaron a demandar la reducción de la jornada de trabajo, y 15 sindicatos formaron la “Mechanics Union of Trade Associations” de Filadelfia. El ejemplo fue seguido en una docena de ciudades; por los albañiles de la isla de Manhattan; en la zona de los grandes lagos, por los molineros; también por los mecánicos y los obreros portuarios.

En 1832, los trabajadores de Boston dieron un paso adelante en sus demandas y se lanzaron a la huelga por la jornada de diez horas, agrupados en débiles organizaciones gremiales por oficios. Pese a que el movimiento se extendió a Nueva York y Filadelfia, no tuvo éxito. Afirmó, sin embargo, el espíritu de combate de los asalariados, que siguieron presionando por sus reivindicaciones.

Tres años después, el Congreso Obrero Socialista, brazo sindical de la 2ª Internacional, reunido en París, acordó promover que el 1 de mayo fuese declarado “Día de los Trabajadores” en todo el mundo. Primero fueron pocos los países en donde se adoptó tal conmemoración. Luego muchos más. Hoy se conmemora en la mayoría. Curiosamente, en Estados Unidos, nación en la que surgió el motivo, el Día del Trabajo – Labor Day” – no se celebra el 1 de mayo sino el primer lunes de septiembre.

Por su parte, en Venezuela, si bien el Presidente Isaías Medina Angarita fue el primero en decretar la conmemoración del Día del Trabajador, no fue hasta el gobierno de Rómulo Betancourt que esta fecha sería establecida como feriada y con derecho a remuneración por parte de los trabajadores. Desde entonces, las organizaciones sindicales han tenido un papel protagónico en la exigencia de mejoras laborales para los trabajadores, adaptadas a las necesidades y realidades de nuestro tiempo.     

Fuente consultada:
Para acceder a la información completa y detallada sobre la historia del 1° de Mayo, te invito a visitar este sitio: La Unión General de Trabajadores (UGT). Organización Sindical Obrera Epañola

Una crónica puntual de aquellos días, realizada por José Martí, retrata muy bien esa gesta; puedes tener acceso a ella mediante este link: Los Mártires de Chicago, por José Martí para el Diario La Nación